¿En qué consiste la artrosis facetaria?

Es importante conocer todo lo posible sobre nuestra columna vertebral y los diferentes problemas que podemos llegar a padecer en ella, y en este caso te vamos a explicar en qué consiste la artrosis facetaria. También llamada sobrecarga de las articulaciones facetarias, es un problema que representa hasta el 40% de los casos de dolor que tienen lugar en la espalda lumbar, por lo que su incidencia es más que notable.

Esta patología tiene lugar por un desgaste del cartílago que viene producido en la articulación que forma las láminas de dos vértebras, es decir, la articulación interapofisaria o facetaria. A continuación te explicamos sus causas,  síntomas y tratamientos.

Causas de la artrosis facetaria lumbar

El proceso de degeneración que se experimenta en la columna vertebral es fisiológico y acostumbra a comenzar a darse en la segunda década de la vida en el disco intervertebral, lo que provoca protusiones y herniaciones que hacen que disminuya el disco intervertebral. Esta provoca un incremento de la presión en las facetas articulares, y esto provoca un mayor desgaste en su cartílago. De esta forma se produce una sinovitis en la articulación así como irritación en la cápsula, lo que da origen al dolor facetario.

El deterioro del cartílago de la articulación facetaria provoca que se produzca la laxitud y subluxación articular, una hipermovilidad que origina la aparición de osteofitos y esclerosis de las articulaciones, dando origen a la hipertrofia facetaria. De esta manera, se produce una inestabilidad que va más allá de los límites fisiológicos y se origina el dolor.

Las posturas que se fuerzan tanto en flexión como en hipertensión, sobre todo aquellas que tienen que ver con coger peso, hacen que se incremente de manera notable la carga que deben soportar las articulaciones de las facetas, y esto puede provocar que se acelere la aparición de la artrosis facetaria lumbar.

El denominado síndrome facetario lumbar puede ser el origen de la artrosis facetaria, inflamación y el dolor de espalda. Para poder entender el proceso de la artrosis en las facetas de la columna, es importante que se mencionen los ramos nerviosos menores integrados en distintos nervios raquídeos de cada uno de los segmentos vertebrales, en el ramo posterior y el nervio sinuvertebral de Luschka.

La transmisión del dolor que recoge a partir del ramo posterior se puede percibir de forma local, como lumbalgia, y/o dolor referido. La inflamación o desgaste de las facetas articulares activa los nervios que transmiten los estímulos a la articulación y pueden llegar a provocar la aparición de molestias.

Síntomas de la artrosis facetaria lumbar

Una vez conocidas las causas que pueden llegar a provocar la aparición de la artrosis facetaria lumbar, es necesario identificar los síntomas que pueden advertirnos de que estamos sufriendo este problema de salud. Para empezar, el principal síntoma que se sufre cuando se padece una artrosis facetaria es el dolor lumbar crónico.

En la gran mayoría de las ocasiones nos encontramos con que se trata de un dolor profundo, que se da de manera constante y que es difícil de localizar dentro de la región lumbar, un dolor que se puede extender a otras partes del cuerpo, como las caderas, las nalgas, la región inguinal, e incluso que puede llegar a afectar a las extremidades inferiores.

Las molestias que sufre la persona que padece de artrosis facetaria se incrementan al andar o cuando está sentado durante un tiempo prolongado. En ocasiones se puede llegar a tener la sensación de que no se puede encontrar una postura adecuada para poder mitigar el dolor y alejarse del mismo; y de manera habitual se reagudizan episodios de malestar, al mismo tiempo que existe una reducción de la movilidad lumbar, que afecta en especial a la extensión y la rotación lumbar.

La artrosis facetaria puede provocar la existencia de una estenosis del canal espinal debido a la deformación de la articulación y la hipertrofia de las facetas. Si la estenosis llega a comprimir una estructura nerviosa o médula espinal, el dolor es irradiado por las piernas, padeciendo pérdida de fuerza, parestesias y limitación. En este tipo de casos, se necesita detenerse para poder sentir sensación de alivio.

Tratamiento de la artrosis facetaria lumbar

El diagnóstico del dolor lumbar crónico facetario se realiza a través de una exploración clínica acompañada de los correspondientes estudios de imagen y la respuesta al bloqueo facetario.

El bloqueo facetario o bloqueo de facetas lumbares empleando anestésico local es una inyección que se encuentra dirigida por fluoroscopia que no consigue ofrecer un diagnóstico definitivo. En el caso de que se encuentre con una respuesta positiva recurriendo al uso de esta técnica, se conseguirá que el dolor cesa por completo o lo hace al menos reduciéndose a la mitad, lo que mejora de manera notable la calidad de vida de la persona afectada por este problema. Sin embargo, no siempre se obtiene la respuesta deseada y, en ocasiones, su práctica no alivia o lo hace muy poco al paciente.

El tratamiento de la artrosis facetaria debe comenzar con analgésicos o antiinflamatorios, que pueden ir acompañados de relajantes musculares. La rehabilitación física debe ir acompañada de la reeducación de la espalda a través del ejercicio, bajando el peso corporal y corrigiendo los malos hábitos posturales.

La infiltración lumbar facetaria con anestésico y corticosteroide puede llegar a tener un efecto calmante con el que aliviar los síntomas y ayudar en el pronóstico para poder alcanzar el éxito al llevar a cabo una técnica quirúrgica de radiofrecuencia o rizólisis.

La rizólisis es una técnica mínimamente invasiva que está pensada para tratar sintomáticamente el dolor lumbar crónico de origen facetaria, una microcirugía en la que se daña de manera controlada las fibras nerviosas que trasmiten los estímulos mediante un calor puntiforme. Al tratarse de una cirugía de columna, debe ser un traumatólogo especialista en la columna vertebral el que debe llevar a cabo esta intervención quirúrgica. La eficacia analgésica del procedimiento puede ir reduciéndose con el paso de los meses, pero siempre suele ser inferior al nivel de dolor previo a la intervención. Además, se puede repetir tantas veces como sea necesario.