¿Cómo se produce una protusión discal?

Las protusiones discales aparecen normalmente por el envejecimiento de los discos o incluso, debido a un traumatismo como un golpe fuerte en la espalda. Debes saber antes de nada que las protusiones discales son muy frecuentes en los mayores de 40 años y no todas causan dolor de espalda.

Para entender que es una protusión discal hay que dedicar primero unos instantes a describir la columna vertebral… Como podrás ver en el vídeo, la columna está formada por una sucesión de vértebras y discos intervertebrales que cumplen la función de “almohadillas” que evitan el roce de las vértebras unas con otras, amortiguan el peso y estabilizan tu columna.

Los discos intervertebrales están formados por por un anillo exterior fibroso que contiene y protege un núcleo gelatinoso llamado “núcleo pulposo”.

¿Cómo se produce una protusión discal?

En condiciones normales, el proceso normal de desgaste del disco va haciendo que algunas de las fibras que constituyen su “envuelta fibrosa” vayan perdiendo resistencia y elasticidad, y puedan retraerse o partirse espontáneamente. Cuando eso sucede, parte del contenido gelatinoso del disco o “núcleo pulposo” puede protruir o extravasarse fuera.

En algunos casos, la presión en el interior del disco puede exceder la capacidad de resistencia de las fibras de la “envuelta fibrosa”, de manera que las parte y una porción del disco protruye o se hernia. Como el “núcleo pulposo” del disco es de consistencia gelatinosa, cuando la columna se inclina hacia delante el disco tiende a desplazarse hacia atrás, y viceversa. La parte trasera de la envuelta fibrosa es menos resistente que la delantera, puesto que es un tercio más fina, por lo que es más frecuente que las protrusiones y hernias aparezcan en la parte trasera del disco. Así, la situación más típica en la que se produce una hernia discal, es cuando el paciente se inclina hacia delante con las piernas estiradas, carga peso en sus brazos y se levanta, aumentando la presión en la porción más posterior del disco, hasta que excede de la capacidad de resistencia de la envuelta fibrosa y se produce la hernia discal

Sin embargo, esta situación es la más típica, pero no la más frecuente; la mayoría de las hernias se producen por el proceso paulatino de desgaste de la envuelta fibrosa, y son pocas aquéllas en las que existe un desencadenante claro y único.

En condiciones normales, diversos mecanismos musculares reducen la presión que soporta el disco, pues al contraerse de manera coordinada los distintos grupos musculares reparten y estabilizan la carga. Así, se asume que algunos de los factores que podrían aumentar la probabilidad de que aparezca una hernia o protrusión discal son:

  • Tener una musculatura débil.
  • Estar mucho tiempo sentado, especialmente si no se hace ejercicio –pues eso acelera la atrofia muscular-, o en otras posiciones en los que la parte anterior de la vértebra soporta más carga que la posterior, como al estar muchas horas inclinado.
  • Someterse a vibraciones que afecten al cuerpo, frecuente en tractoristas u operarios de maquinaria industrial, lo que  podría facilitar el desgarro de las fibras de la envuelta fibrosa. Sin embargo, aunque algunos estudios han demostrado que en esas profesiones la incidencia de dolor de espalda es más alto, los estudios que han analizado si también era mayor el riesgo de que aparecieran hernias discales, han encontrado resultados inconsistentes y habitualmente negativos.
  • Ciertos genes, probablemente asociados a una menor resistencia de la envuelta fibrosa o que hacen que el disco sea menos resistente ante otros factores.
  • No obstante, el aumento de la probabilidad de padecer una hernia discal que se asocia a cada uno de esos factores es, en general, pequeño y el hecho de que aparezca una hernia discal no significa necesariamente que cause dolor u otras molestias. De hecho, los estudios,  muestran que, en la región lumbar,  el 30% de los sanos (sin ningún dolor) muestran hernias discales cuando se les hacen resonancias magnéticas, y el 70% protrusiones; y en la columna cervical, el 87,6% presentan abombamientos discales;  ya a los 20 años, los presentan el 73,3% de los hombres y el 78% de las mujeres. La frecuencia de ese hallazgo, así como el tamaño y número de las protrusiones halladas, aumenta con la edad.

Síntomas

¿Qué es una protusión discal?

Con los años y/o los esfuerzos, el anillo fibroso pierde elasticidad y resistencia. En este estado, el núcleo pulposo puede desplazarse del centro del disco dando lugar a una protuberancia o protrusión discal (“protusión discal”) que podría ser cervical, lumbar… las más habituales se producen entre L4 L5 y entre L5 S1 (lumbares); también son frecuentes entre C5 C6 y C6 C7 (cervicales).

Síntomas de las protusiones discales

No todas las protusiones discales terminan formando una hernia discal

Hasta el momento no existe ningún producto ni técnica en la medicina alternativa o tradicional que recupere completamente el estado previo de los discos intravertebrales una vez aparece una protrusión discal

No todas las fisuras y protusiones discales causan dolor. Ni siquiera las hernias. De hecho, la gran mayoría de los adultos mayores de 40 años tenemos protusiones discales producidas por edad que no suponen molestia alguna

Una gran parte de los pacientes con dolor de espalda no presenta en sus pruebas diagnósticas una patología -protusión discal, hernia, aplastamiento…- que lo justifique

¿Por qué se producen las protusiones discales?
Como ocurre con otras dolencias de espalda, la edad, la obesidad y la falta de actividad física son factores de riesgo para la aparición de protusiones y hernias de disco. También es un factor de riesgo añadido la realización de deportes intensos o los trabajos de alta exigencia física en los que se produzca repetidamente estrés en la columna (levantar y cargar peso, trabajos sedentarios…)

Las molestias producidas por una protusión discal se localizan habitualmente en la zona cervical (cuello y espalda alta) y en la zona lumbar (espalda baja y riñones) y suelen acompañarse de contracturas musculares. El dolor puede irradiarse al brazo si el origen es cervical o a la pierna, si es lumbar.

Tratamiento de la protusión discal

Hace unos años prácticamente todos los pacientes con dolor lumbar o lumbociática a los que se diagnosticaba una hernia de disco eran intervenidos para eliminarla. Hoy día sabemos que el tratamiento conservador es casi siempre la mejor opción.

En las Unidades del dolor podrán ayudarte y recomendarte otras alternativas de tratamiento: farmacológicas (medicamentos antiinflamatorios, analgésicos como el tramadol…) técnicas intervencionistas, cambios en tus hábitos de vida… Muchos pacientes logran controlar su dolor de espalda perdiendo peso y/o haciendo regularmente ejercicio físico específico de potenciación muscular de la espalda y abdominales.

También es de gran ayuda la educación postural para promover la correcta alineación de la columna evitando posturas no adecuadas.